Presentación

Durante un tiempo he escrito artículos relacionados con personas de la historia.

Algunas de ellas son famosas, importantes, conocidas. Ellas han dejado huellas profundas. Tan profundas que pasan los años, los siglos y siguen presentes –nunca mejor dicho– en el día a día de los habitantes que navegamos por el siglo XXI.

Otras, –sería el segundo grupo que me atrevo a presentarte en este libro– son amigos, conocidos, personas cercanas o lejanas en el espacio, con las que he tenido algún contacto, a veces ocasional, pero siempre profundo. Guardo en el corazón huellas que no se borran fácilmente porque, –ya lo vas a descubrir por ti mismo– dejan surcos en el viento.

A otros, no los he conocido personalmente. Solo sé de las huellas que dejaron por lo que me cuentan o de alguna noticia concreta y verídica.

Y, por último, también escribo sobre los lugares, situaciones concretas que, llevan en sus muros o en las energías que los rodean vientos con semillas que son alimento todavía hoy.

Estas son las principales fuentes.

Los primeros, los famosos en la historia, son los que han dejado señales luminosas a lo largo del Camino. Flechas amarillas, –como las que señalan el Camino de Santiago – (se entenderá mejor leyendo el artículo que lleva por título y, Y ahora…, ¿qué? La Flecha Amarilla). Son Benito de Nursia, Ignacio de Loyola, Francisco de Asís, Sebastián de Aparicio, Tomás apóstol, entre los más conocidos.

Los otros. Sabios, maestros que la Vida me ha puesto al lado y han sido guías luminosos para mi peregrinar. Muchos ya se han ido a las otras dimensiones: P. Taché, P Emilio Galindo, P. José Isorna, P. Oviedo, Baba Shibananda (si vas a Un té y un test con Babaji, se entenderá mejor el significado de estos protagonistas-testimonio que aparecen en el libro); algunos son personas conocidas o desconocidas de las que me contaban anécdotas curiosas que dejaban enseñanzas profundas: el caso del artículo El tío Miguel o el de ¡Papá trabaja en un avión!, por ejemplo.

Luego hay lugares como Armagh, Asís, Edimburgo, entre otros.

Todos, a su manera, dejaron huellas.

Algunos dejan huellas en el desierto. Se borran pronto.

Otros en el barro, se disipan en seguida.

Otros en el cemento, duran cierto tiempo.

Otros en la política, se alargan durante años.

Otros en el deporte, “vanidad de vanidades”.

Otros en la cultura, perduran siglos.

Otros, en el viento, son las que nunca se borran.

Las huellas en el viento son susurros silenciosos que llegan al oído del corazón. Son el suave viento de la sabiduría que penetran en tu ser. No solo los escuchas sino que los sientes en cada una de tus células, te invaden dulcemente y penetran hasta lo más profundo de tu esencia …

Son huellas que no se ven, solo se perciben….

Son huellas que no se escuchan, solo se aprecian.

Son huellas que no se tocan sino que se sienten.

Son huellas que la “sola- mente” no entiende.

Son huellas que solo distingue el que tiene el corazón abierto…

Son Huellas en el Viento…

Las Huellas en el Viento solo son capaces de dejarlas ciertos seres que vuelan alto. Seres como las águilas (si quieres conocer un águila en el artículo Desde lo Alto, hablamos de una de ellas).

Algunos seres humanos son como pájaros volando en el cielo, no dejan rastro. Otros son sabios. A estos últimos les llamo águilas. Vuelan más alto, miran la existencia con un mayor ángulo y más perspectiva, no se embarran con lo lodazales, respiran aire más puro, parece que su rastro es invisible. Desde mi punto de vista no es así.

Las águilas vuelan y dejan unos surcos tan profundos que sólo pueden observar aquellos que vienen, detrás en el tiempo, preparados para, como ellas, volar alto, y son capaces de ver esas huellas que están ocultas al común de los mortales. Solo los que se atreven a subir a las cumbres pueden descubrirlas.

Los y las águilas dejan Huellas en el Viento. Imposible borrarlas, no se pueden destruir.

Si quieres conocerlas, ¡adelante!, ¡sigue leyendo!

NB Sugerencia para leer este libro. Son artículos distintos, cuya única relación es que, “dejan huellas en el viento”. Son relatos cortos. No es necesario leerlos seguidos. Ni tampoco en orden. Si haces clic, en los títulos del índice, cada uno de ellos te lleva al artículo correspondiente.

Sería recomendable leerlos de uno en uno y darse un tiempo para saborearlos, antes de pasar al siguiente,… o quizás no…, con libertad. Hagas como lo hagas, –de forma rápida o de manera meditativa–, es posible que dejen algo en tu corazón.

¡Paz y Alegría!

Publicado por gumersindomeirino

Dr. en teología. Disertante. Escritor.

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